Millones de gotas de Cristasol se estampan contra los cristales. Me dejo envolver por el olor, que me transporta a mi infancia, cuando mi madre limpiaba el espejo del cuarto de baño y por un instante mi propia imagen desaparecía, el borrón impreciso de una cabecita intentando ver y ser vista, de puntillas, enredada entre las piernas de mi madre, “estate quieta, déjame terminar de limpiar, ya te mirarás, presumida... qué chiquilla ésta...”
Los cristales lloran gotas azules. Y no, hoy no es mi cara la que se adivina al otro lado. Alguien me mira desde el edificio de enfrente. Pero cuando paso el trapo y el cristal me deja ver ya es demasiado tarde.
Se fue.
1 comentario:
Que genial, no era el espejo sino la ventana, y podés usar la imaginación y verte reflejada un poco en el cristal y al mismo tiempo en el edificio del frente.
Saludos, abrazos y besos
Nice Day, con toda mi Alma:
Gusthav
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