Quizás no estaba allí. Puede que el cristasol haya engañado a mis ojos como consigue engañar a mi nariz, trayéndome imágenes de antaño.
No quiero que alquilen el piso de Pablo. Que vengan desconocidos a echar descuidadamente sus vivencias por encima, como paladas de tierra de un sepulturero indiferente.Todos vivimos sobre tumbas anónimas, quien sabe qué personas habrán reido qué risas, o llorado qué lágrimas en la habitación en la que ahora estoy. Sea como sea, yo vivo aquí pisando esas cosas, que nunca conoceré.En cambio conozco muy bien, quizás soy la única, las risas y las lágrimas que se vivieron en el piso de enfrente. Y, mientras las recuerde, no será una tumba anónima.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario