lunes, 14 de julio de 2008
Decidí no dejar pasar más el tiempo, escurriéndose en mis temores, y me acerqué hasta “La Epoca” aquella misma noche. Las sinuosas escaleras descendían en espiral conduciéndome al negro vientre del local, convulsionado por los destellos de neón y el febril baile de una clientela enardecida por el alcohol y las drogas. Tardé en localizarte deslizándote de mesa en mesa, sirviendo copas en una coreografía imposible entre la muchedumbre que se expresaba a empujones. ¡Que bien sabías ocultarte de mi, eludiéndome escondido en aquel antro que sabías que odiaba¡ Entonces vi aquello colgando de tu cuello...
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